Mitzy se confiesa ante las cámaras.
por: Silvano Soto / Televisa Espectáculos


Mitzy: El secreto de una confesión

Nació en Michoacán. La miseria y el abuso sexual marcaron su historia. A sus 46 años, Mitzy, el diseñador, revela la verdad sobre su vida. Ésta es la confesión de un hombre destinado a vivir en el mundo de las estrellas.

 

CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 4, 2001.- Mitzy es considerado el diseñador de modas más importante en el mundo del espectáculo. Por más de 20 años, con sus modelos ha vestido a las estrellas de México y confeccionó el traje de novia de Thalía.

EL DÍA DE LAS MADRES

"¡Cebedeo… Cebedeo!", se escuchó en un grito desde el campo. La partera luchaba con el cuerpo de Mercedes para que pariera a su criatura. "¡Ay, Cebedeo no quiere salir!", dijo la comadrona. De pronto, el llanto de un varoncito.

Aquel 10 de mayo de 1955, Meche tuvo los dolores de parto desde muy temprano. Para cualquier otra, tener un hijo el día de las madres sería un sueño; pero no para una mujer que ya tenía que cuidar a cuatro niñas en medio de la pobreza extrema.

Mitzy recuerda con tristeza aquellos años. En su nostalgia todavía existe el reproche hacia su madre por bautizarlo y registrarlo con el nombre de Cebedeo. "Mejor me hubieras puesto cagada", dice el diseñador.

"Duré como cinco años alimentándome de tierra, hasta el punto que ya estaba muriendo porque había comido tanto del suelo". Así lo confiesa Mitzy mientras sus ojos y su voz dejan adivinar que hay dolor en el corazón.

Fue por esos días cuando asesinaron al padre de Mitzy, hombre de campo que abandonó a Mercedes y a sus cinco hijos para buscar otro nido. Huérfanos, intentaron ganarse la vida como sirvientes en La Huacana.

La miseria y una promesa de volver triunfante al lado de su madre, hicieron que a los 8 o 10 años el niño tomara camino hacia la gran ciudad. Soñaba con volver a Pueblo Viejo para construirle una casa a Mercedes, a su madre, a su único amor.

EN UN RINCÓN DE LA ALAMEDA

Con un pantalón y camisa de manta, Cebedeo llegó solo a la ciudad de México. Los primeros días durmió en casa de unos conocidos del pueblo. Con su conciencia de niño, se dio cuenta que no tenía lugar entre una familia pobre de 8 miembros. Todos en una casucha por el rumbo de La Villa.

De noche salió a la calle. Descalzo llegó hasta la Alameda Central. Hizo del parque su hotel de cinco estrellas. Pocos días, cuestión de horas, fueron suficientes para que el hambre y la calle lo atraparan.

"Yo levantaba comida del suelo", confiesa Mitzy. "Levanté comida de la calle y los dulces los recogía entre la basura. Agarraba los dulces por ahí y los lavaba en las fuentes que hay ahí en la Alameda. Los lavaba en el agua y vámonos pa'adentro".

Durmió por meses en un rincón del Hemiciclo a Juárez. Entonces decidió cambiarse el nombre porque los niños de la calle se burlaban de él. Cebedeo quedó atrás y nació Jorge.

Para cuando cumplió 14 o 15 años, sentado en la fuente principal de la Alameda Central, Jorge conoció a un hombre que creyó un "ángel de Dios".

"Llegó y me preguntó si había comido y le respondí que no". Un nudo se forma en la garganta del diseñador antes de proseguir. "Me dijo que no me quedara en la calle y que tenía un departamento muy cerca de la Alameda donde tenía un cuarto vacío y que ahí podía quedarme".

Ingenuo, nunca imaginó que aquel hombre llamado Gerard se convertiría en su verdugo.

DEMASIADO DOLOR PARA SER CONTADO

Todavía no se llamaba Mitzy, prefería llamarse Jorge. De la mano de un hombre 20 o 25 años mayor que él, dejó la calle para siempre. En la mente llevaba la idea de haber encontrado por fin la luz entre las tinieblas.

En aquel departamento del Centro Histórico, Jorge tuvo de nuevo la sensación de la limpieza tras una buena ducha. Gerard le compró ropa nueva y le dio de comer. Así pasaron los primeros días, hasta que su protector dejó caer la máscara.

"Abusó sexualmente, cruel y despiadadamente, de mí. Como no se le hace a un ser humano". La confesión hace que la realidad se imponga por un momento y el llanto no puede ser contenido.

"Ahí me dejó unas marcas y me dejó sangrando… Me destrozó, acabó con mi infancia. Ahí acabó todo. Yo pensé que ahí acababa todo, pero fue el principio solamente".

Es necesario detener la confesión para que el diseñador seque sus lágrimas. Dos inhalaciones profundas para continuar con su dolor relatado en sencillas palabras, llenas de sinceridad.

"Me levanté y ya no fui el mismo. Mató a ese niño que era. Lo hizo con crueldad y sin compasión. Me asesinó porque yo era un niño inocente".

Tras ser violado, cada mañana se levantaba con una esperanza en la mente y en el corazón: volver a ser libre de un cautiverio emocional. En sus ojos se reflejaba la angustia con el sueño de que Gerard, su opresor, desapareciera para siempre.

"Yo le decía a Dios: Señor, tú no vives; Dios mío, no existes. Si esto es vida yo no quiero vivir, si esto que estoy viviendo es vida, para qué sigo viviendo así". En plena adolescencia quería morir. Pero al joven provinciano todavía le esperaba un duro camino por recorrer.

POR UN PLATO DE FIDEOS

Además de diseñador de modas, Mitzy también es dueño de un restaurante ubicado en la Zona Rosa de la ciudad de México. Es de muy buen comer y goza de la compañía de familiares y amigos en la mesa.

Pero de todos los platillos creados en el mundo, la sopa de fideos es lo único que no tolera comer. Hay una razón profunda para evitar esa pasta en especial: es el recuerdo de un hecho que marcó para siempre su memoria.

"Al llegar al departamento, me puso la sopa en el piso; me dijo que me la comiera". Nuevamente, Mitzy se refiere a lo vivido con su verdugo: "La sopa estaba hirviendo y me dijo que me la comiera como traga un perro".

Esos momentos siguen vivos como huellas que arden todavía en su memoria: "Me agarró de la cabeza y la estrelló contra el plato. Estaba tan caliente la sopa, que te juro que si hubiera sabido hacer como perro o ladrar, lo hubiera hecho. Porque el dolor era más fuerte que todo eso". Para Mitzy, es demasiado dolor para ser contado.

FRANCIS LLEGA A SU VIDA

Cebedeo quedó atrás y con su nuevo nombre, Jorge, conoció a un joven de su misma edad: Francisco. Éste trabajaba como diseñador de vestidos de novia en las calles de Honduras y Chile, en el barrio de La Lagunilla.

Francisco se convirtió en su amigo. Tampoco tenía un lugar fijo para vivir y Jorge lo llevó consigo para que vivieran juntos. El modisto de novias comenzó a enseñarle cómo se hacen los bocetos, a coser y a bordar.

Aquel joven es Francis, el actor travesti más reconocido de México. Él vivió por más de cinco años con el protagonista de esta historia. Juntos compartieron el infierno de vivir a la sombra de Gerard.

"Mitzy era la pareja de aquel hombre. Lo amenazaba de una manera muy cruel porque Mitzy era muy ignorante", comenta Francis. "Lo tenía bajo presión psicológica, y cada vez que se quería escapar le decía que iría a su pueblo a hacerle un escándalo y decir que era homosexual. Pueblo chico infierno grande".

El odio se confundió con otros sentimientos y Jorge no entendía por qué no podía escapar de aquella trampa sin final aparente: "Lo que pasó es que yo le contaba que mi madre era muy especial para mí y sabía por qué vine a México. Entonces se aprovechó de eso y me decía que si lo dejaba iría a matar a mi madre".

Con la mayoría de edad y un poco de valor, Jorge intentó escapar de su cautiverio. Se hizo modisto y amigo de vedettes y estrellas. Conoció la fama, el dinero, la fortuna, y al mismo tiempo, las drogas y el alcohol.

GERARD: EL ÁNGEL DE LAS SOMBRAS

Mitzy recuerda a Gerard como un verdugo, una mezcla de fuerzas que nunca ha podido explicarse. Dedicado al diseño y costura de trajes para artistas, Gerard gustaba de la compañía de niños.

Era un hombre maduro con un departamento en el centro de la ciudad. Con él vivían de tres a cuatro niños que había recogido. Pero cuando llegó Jorge (Mitzy adolescente), todo cambió.

"Vivimos juntos y nos tocó juntos la friega", señala Francis. "Muchas cosas de las que pasó, las pasó conmigo". Pero no todo lo ocurrido entre cuatro paredes blancas fueron totalmente sufrimiento.

"Yo agradezco a Dios que G



 

 

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